La siesta reduce la somnolencia y mejora las funciones cognitivas: la consolidación de la memoria, la preparación para el aprendizaje posterior, la mejora de las funciones ejecutivas y el aumento de la estabilidad emocional.
Sin embargo, este efecto es propio de las siestas cortas (de no más de 30 minutos) 3 o 4 veces por semana, mientras que las siestas largas, por el contrario, tienen un efecto negativo sobre las funciones cognitivas.
